Técnicas narrativas III: Cómo narrar emociones

Se dice que la única forma de narrar emociones de forma elegante y graciosa es empleando metáforas. Pero hay otras técnicas y modos. Como siempre, vamos a ver ejemplos concretos, aunque sí empezaremos por la metáfora por su efectividad y elegancia:

 

1/ Metáfora

 

Voy a extraer fragmentos de mi novela, que primero se convertirán en fragmentos insulsos en la forma, para luego mostrar los originales y así poder compararlos:

“Trató de gritar, pero sentía demasiado miedo y solo pudo emitir un grito ahogado”.

Y la metáfora:

“Trató de gritar, pero el sobresalto se le metió hacia dentro y solo inspiró miedo”.

Otro ejemplo:

“Sintió un estremecimiento que recorrió todo su cuerpo, lleno de terror”.

Y el original:

“Un estremecimiento trepó por la columna vertebral hasta la cabeza, el alma se enfrió”.

Como puede advertirse, las metáforas expresan lo mismo de un modo más complejo en términos estéticos e intelectuales. Estimulan la mente y el gusto estético, crean nuevas relaciones conceptuales, y por ello confieren más calidad a la narración.

 

2/ Jugar con el cuerpo

 

Las emociones poseen una triple dimensión, dado que son psicológicasfisiológicas y (muchas veces) conductuales. Las emociones no solo son estados psicológicos, sino también reacciones corporales y con frecuencia llevan a ciertos comportamientos. Por tanto no se requiere nombrarlas de forma directa, sino que puede jugarse con las expresiones faciales, con la tensión muscular, con el sudor, etcétera:

“… luego empezó a golpear la pared de roca con su frente, a atizarla con puñetazos y rodillazos de muerte, todo esto sin dejar de chillar”.

Aquí podemos ver que el personaje en cuestión está enajenado por la rabia sin mencionar en ningún momento la emoción.

“Quiso decir algo, sin embargo ninguna palabra diría más que los mismos abrazos, y antes de separarse sintió con sorpresa un último apretón por parte de los brazos que la recogían”.

En este caso se ha mentado un apretón del abrazo, lo que lleva a presuponer cariño en el personaje que lo realiza.

Por supuesto, también se puede jugar con gestos y actitudes ambiguas si queréis suscitar misterio.

Lo dicho: no escribáis siempre “sintió rabia”, “sonrió con alegría”, “estaba muy triste” y demás. Todas esas descripciones son planas e insípidas. Pero tampoco caigáis en el extremo opuesto de escribir metáforas recargadas.

 

3/ Analogías

 

A diferencia de las metáforas, las analogías son comparaciones y no figuraciones. Acaso no exijan tanto esfuerzo intelectual, pero pueden ser bellas también:

—Me gusta tu osadía —comentó, y la voz tronó como mil bombas.

 

***

 

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