Técnicas narrativas VI: La fluidez narrativa

En entradas anteriores criticaba la falta de ritmo en lo que se escribe. Bien, pero ¿cómo podemos obtener esa fluidez?

Para ello se requiere atender tanto al estilo como al contenido. Para obtener fluidez por medio del contenido, recomendamos la condensación narrativa.

Dicho esto, ¿cómo obtener la fluidez a través de la forma? Antes de nada, queremos insistir en lo personal de estos ejemplos, dado que habrá puntos que los grandes escritores violan y sin embargo obtienen fluidez estilística.

Empecemos por el nivel fonético-léxico:

 

1/ Evitar palabras muy largas 

 

Las palabras muy largas ralentizan la lectura. Pongamos, como siempre, ejemplos concretos, primero uno de una frase con palabras largas y luego el mismo contenido con palabras más cortas:

“Cogió la pistola apresuradamente, y cuando lo creyó conveniente disparó al enemigo”.

O:

“Cogió la pistola con rapidez, y cuando lo vio claro disparó al enemigo”.

La segunda frase se lee más rápido. Si hacemos que todas las frases eviten palabras muy largas, se obtendrá un texto en su totalidad fluido, lo cual sí tendrá una repercusión mayor.

 

2/ Evitar concatenar palabras muy cortas

 

A veces encadenamos muchos monosílabos o bisílabos, y la lectura se vuelve en lo que yo llamo un campo de piedras. Veamos un ejemplo:

Ya que lo que le hacía inquietarse eran los ojos entre las oscuridades”.

Esta sucesión de monosílabos dificulta el ritmo de la lectura (aparte de que se repiten los mismos fonemas, concretamente /k/ y /l/, lo que nos llevará al siguiente punto). Ahora un ejemplo de cómo se podría evitar la sucesión de monosílabos, y cómo se obtiene con ello mayor fluidez:

“Pues los ojos de las oscuridades despertaban mil temores”.

 

3/ No repetir los mismos fonemas de forma seguida

 

Este recurso se valora en poesía, y se llama aliteración. Aquí el famoso verso de Zorrilla:

“el ruido con que rueda la ronca tempestad”.

Es bello, pero en prosa no suele valorarse de modo positivo, dado que la lectura es más larga y es más agradable al oído (o a la mente) la combinación de diferentes sonidos. No obstante, la aliteración de la conjunción “y” sí suele valorarse, pues no resulta molesta:

“Había fresas y plátanos y uvas”.

 


Bien, ya hemos cerrado el nivel fonético-léxico. Pasemos al nivel sintáctico:

 

4/ Evitar frases muy cortas

 

Las frases muy cortas tienen el mismo problema que la sucesión de monosílabos: conducen a cacofonías:

“Arrancó a correr. Al principio le costaba. Respiraba con dificultad. Pero luego ya no. Cada vez menos. Y al fin se acostumbró”.

Y:

“Arrancó a correr, y aunque al principio le costaba mantener la respiración, al final se acostumbró”.

Envuelve más el segundo fragmento que el primero. Aquel parece “expulsar” al lector en cada punto.

Esto no significa que debamos temerle al punto y a las pausas en general. Es decir, no debe cometerse el error opuesto, a saber, escribir frases de excesiva longitud.

 

5/ Solo las comas imprescindibles

 

Escribir gran cantidad de comas, aparte de que en muchos casos pueden estar mal empleadas (dejo aquí el enlace de la RAE para el uso correcto de la coma), entorpecen la fluidez:

“Se trasladó, en bus, hacia la estación, que, ubicada lejos de su casa, obligaba a salir con antelación”.

Esta frase no está mal escrita en términos ortográficos, pero se hace muy molesta a la lectura. Ante la duda de si hay que poner una coma o no, normalmente lo mejor es eliminarla:

“Se trasladó en bus hacia la estación. Como quedaba lejos de su casa debía salir con antelación”.

De cinco comas, es decir, cinco pausas, hemos pasado a un punto. Tampoco esto debe entenderse como una eliminación excesiva de comas, sino simplemente en introducir las imprescindibles.

El punto y coma es algo que yo evitaría en literatura, y la sustituiría bien por comas o bien puntos. Es una opción personal, pero creo que queda más claro y limpio en contraste con la ambigüedad del punto y coma:

“Habían logrado escapar del monstruo que les perseguía; luego salieron de la cueva y quedaron al fin a salvo”.

Y:

“Habían logrado escapar del monstruo que les perseguía, y tras de que salieran de la cueva, quedaron al fin a salvo”.

 

6/ Estructura sintáctica simple

 

Entre las frases de complejidad sintáctica y las frases simples, naturalmente las segundas facilitan más la fluidez narrativa. La simplicidad sintáctica no debe confundirse con la cortedad de las frases: una cosa es la extensión de una frase y otra que sea  intrincada en mayor o menor medida. Pongamos ejemplos:

“Habían cazado finalmente al dragón, que había presentado una fiera batalla, acorralado como estaba en la mazmorra”.

Y:

“Habían cazado finalmente el dragón, pues acorralado en la mazmorra había presentado fiera batalla”.

El primer fragmento consta de una oración principal “Habían cazado finalmente al dragón” y de otras dos que se subordinan una tras la otra. En cambio el segundo fragmento solo tiene una subordinada, lo que contribuye a la simplicidad sintáctica y por tanto a la fluidez de estilo.

La sucesión de subordinadas puede generar demasiada complejidad:

“Se comió un helado, que era de fresa, que había comprado en la heladería de la esquina y que estaba tan frío que los dientes dolían”.

Y:

“Se comió un helado de fresa de la vieja heladería de la esquina, y  estaba tan frío que dolían los dientes “.

Hemos cambiado ligeramente los sucesos para adecuarlos al estilo. Si debéis hacer alguna concesión bien simulada por razones estilísticas, hacedlo sin remordimientos.

 


Bien, ya hemos tratado el nivel sintáctico. Saltemos al nivel de párrafo:

 

7/ Párrafos

 

¿Es más fluido escribir párrafos cortos o largos? Desde luego si escribimos de modo efectista, estilo que critico en esta entrada, no lograremos demasiada fluidez.

Si escribimos parágrafos muy largos, puede molestar a la vista en un primer momento, aunque por mi experiencia como lector, debo decir que los parágrafos más largos me enganchan más a la lectura que los cortos. Por tanto parece un punto estrictamente personal.


Veamos ahora el nivel capítulo:

 

8/ Capítulos cortos

 

Cerrar un capítulo y comenzar otro da la sensación de avanzar muy rápidamente por la historia, mientras que los capítulos largos hacen que deseemos saltar a otra cosa, por más que las escenas sean muy cambiantes y trepidantes. Comparad los cortísimos capítulos de El Código Da Vinci con los larguísimos de El Señor de los Anillos. En el primer caso uno volaba por la narración mientras que en el segundo rogaba por que acabase ya el capítulo.

Nuevamente esto está sujeto al gusto y percepción personales, y lo que hará realmente que la lectura sea fluida serán otros aspectos más importantes como los arriba mencionados. Por lo que he hablado con otros lectores también preferían capítulos cortos, pero por honestidad intelectual hemos de advertir que esto puede no ser más que una casualidad estadística.

 

***

 

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4 comentarios en “Técnicas narrativas VI: La fluidez narrativa

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