Técnicas narrativas VII: Cómo sacarle el máximo rendimiento a los sucesos

¿Cómo extraer la máxima fuerza a los sucesos? ¿Cómo volver la narración intensa? ¿Cómo mantener, en definitiva, la tensión argumental? Definimos tensión argumental no como tensión emocional de la trama, sino como interés sostenido por parte del lector. Un suceso puede ser tranquilo y aun así intenso en el sentido de que enganche al lector por su interés, por sus reflexiones implícitas, etcétera.

Veamos una serie de trucos, que, como siempre, bien pueden contravenirse y obtenerse de ese giro resultados positivos. Todo esto son consejos de aplicación general:

 

1/ Tomarse tiempo para lo impactante, sin excederse 

 

Si un suceso es impactante, no es aconsejable narrarlo con prisa. Primero hay que preparar la escena, la intriga, el ambiente y demás, y luego ya mostrar los hechos importantes. Si se muestra un suceso trascendente como uno cualquiera, naturalmente perderá toda su fuerza.

Sin embargo, si uno se explaya demasiado, llegará un punto que el lector se aburrirá y ya no sentirá curiosidad por lo que haya de venir.

 

2/ La importancia de las emociones

 

Cuando un suceso es fuerte, las emociones suelen responder del mismo modo. A veces estas son muy evidentes y no hace falta volverlas explícitas, pero por lo general, creo que hay que procurar que los personajes no sean impasibles a los sucesos (a menos que queramos explotar un tipo de personaje de esas características). Me he encontrado con personajes que parecen no tener emociones, y eso hace que pierdan toda credibilidad. Evidentemente, el extremo opuesto tampoco es aconsejable, esto es, obsesionarse con las respuestas emocionales de los personajes.

 

3/ Salto de párrafo

 

Para los momentos impactantes, el salto de párrafo es muy útil. Describir un suceso en una línea independiente le otorga una dignidad especial, pero si abusamos de este recurso, cuando queramos usarlo no dará el efecto deseado, dado que no destacará del resto (para más información, enlazo a esta entrada).

 

4/ No juntar sucesos parecidos

 

Escribir de forma seguida o muy próxima acontecimientos muy parecidos unos de otros, aparte de que vuelve la trama repetitiva, resta singularidad a cada una de las escenas. Esto no significa que no debamos tratar en toda la narración hechos semejantes, lo cual será prácticamente imposible, sino simplemente intercalarlos con otros tipos de sucesos. Por ejemplo, si se muestra una escena de sexo, antes de escribir la siguiente convendría escribir una escena de acción, de introspección, una revelación, etcétera. De ese modo la nueva escena de sexo sorprenderá una vez más (a no ser que sea muy parecida a la anterior).

 

5/ Llevarlo a sus últimas consecuencias

 

Si se introduce una escena, por lo general no conviene quedarse a medias con respecto al potencial que guarda. Si por ejemplo narramos el encuentro de dos espadachines rivales y empiezan a discutir acaloradamente, no hagáis que de pronto se apacigüe todo (a menos que sea el preparativo para una lucha realmente encarnizada). En su lugar, que luchen y que el protagonista sufra una derrota vergonzosa, o que hiera al enemigo y luego se sienta culpable por la dureza empleada y por haberse dejado llevar por su pasión, etcétera. Abordad situaciones extremas, dado que estas son las más interesantes.

 

6/ Nada de sucesos insulsos

 

Los hechos sin ninguna relevancia, aburridos, sin consecuencias y demás deben ser eliminados de una narración. No os detengáis en tontas aclaraciones, en descripciones minuciosas, en detalles ultra precisos que no llevan a nada. Si el protagonista entra en una taberna, me importa un comino el color de las botellas de licor, si a un parroquiano le falta un ojo y cuestiones por el estilo. Una narración no ha de ser un informe detallado de la ficción creada, sino el relato de lo importante de la historia. 

 

7/ No hace falta que decaiga la tensión 

 

Alguien podría pensar que para resaltar un suceso, lo que haya antes y después ha de ser más lento o menos interesante. No podemos estar más en desacuerdo. Las tramas donde constantemente suceden cosas intensas son las más entretenidas y, al menos personalmente, no cansan. Mientras los sucesos sean muy distintos unos de otros, que todos ellos sean intensos y profundos no cansará.

Un truco que puede ser útil es variar el tipo de emoción. Ahora describo un combate (adrenalina, peligro físico, heridas, etcétera) y luego una escena de romance (amor, caricias, felicidad) y después una de reflexión (serenidad, introspección). Hay muchos tipos de emociones, y lo ideal es alternarlas: si ahora expongo una escena de terror, luego una de paz, luego otra de enfados y discusiones, etcétera.

Pero:

 

8/ No tratar constantemente pasiones extremas

 

Así como los sucesos insulsos aburren y destruyen la tensión argumental, también lo hace el extremo opuesto, a saber, llevarlo todo a un constante arrebato pasional. Si habéis leído Frankenstein sabréis a qué me refiero. No revelaré nada de la trama, aunque sí de la estructura. En ella se alterna la euforia extrema con emociones negativas extremas, como corresponde a una novela gótica. Por tanto, no es que sea una mala novela, sino que personalmente me agobió la abundancia sin descansos de arrebatos pasionales.

Por eso aconsejamos variar en la intensidad emocional. Escribir una novela con muchas pasiones no tiene nada de malo, al contrario, probablemente enganchará más. Pero hay que procurar la intercalación de respiros para el lector.

 

9/ Que lo imprevisible no sea previsible

 

Esta apreciación me viene a partir de la lectura parcial de “Juego de Tronos”. Es una novela en que la tensión argumental de cada capitulo va creciendo hasta un boom final. Cuando has leído seis o siete capítulos esos sucesos fuertes te sorprenden, pero llega un momento en que prevés que cuando se acabe el capítulo sucederá algo intenso para engancharte, y por tanto cuando ocurre ya no sorprende. Ese formato es ideal para una serie televisiva, dado que cada capítulo constituye una cierta unidad “independiente” y hay que mover al espectador a que empiece otro capítulo o a que encienda la televisión el próximo día. Sin embargo, en una novela los capítulos no son tan independientes, dado que están todos “pegados” en la secuencia del libro, y toda la intriga se pierde cuando puedo adivinar cuándo sucederá lo fuerte. No deis pistas de cuándo va a suceder un hecho sorprendente, porque dejará de serlo.

 

***

 

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2 comentarios en “Técnicas narrativas VII: Cómo sacarle el máximo rendimiento a los sucesos

  1. ¡Buenas Lucas, gran artículo! Me pasó exactamente lo mismo con Frankenstein, y también cuando leí Drácula de Bram Stoker. Me pareció todo el rato muy dramático y al final acababa por conseguir el efecto contrario al deseado. ¡Saludos!

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