Técnicas narrativas VIII: Sustantivos, adjetivos, artículos y pronombres

Con el presente artículo damos comienzo a una serie de artículos que tratarán cada una de las categorías gramaticales y su conexión con el arte literario. Así pues, empezaremos por los sustantivos, los adjetivos, los artículos y los pronombres.

 

1/ Sustantivos

 

a) Precisos.

Hay que evitar la repetición y vaguedad de sustantivos y emplear los más adecuados para aquello que queremos transmitir.

 

b) Evitar la sustantivación. 

Por otra parte, la tendencia a la sustantivación da más sensación de objetividad. No es lo mismo decir:

Ayer comimos pastel.

Que:

Ayer realizamos la ingesta de pastel.

Hemos introducido un sustantivo (“ingesta”) para narrar una acción, y con ello se ha perdido naturalidad y fluidez. Por tanto es recomendable, en general, evitar la sustantivación.

 

2/ Adjetivos 

 

Ahora sí hemos entrado de lleno en una cuestión de peso. Los adjetivos contribuyen a dar forma a los adjetivos, y existen muchos tipos de ellos, así como gran cantidad de propiedades a las que refieren. ¿Qué podemos decir de los adjetivos en su aplicación estilística?

 

a) Precisos.

La función de los adjetivos consiste en gran parte en precisar los sustantivos, por lo que han de ser apropiados para lo que quieren complementar. Cabe decir que los adjetivos en sí mismos no son precisos o imprecisos, porque todos tienen un significado claro asociado, como cualquier otra palabra. Por el contrario, los adjetivos serán precisos en función de su contexto. Por ejemplo, el adjetivo “nervioso” refiere a algo preciso, pero en según qué contextos puede ser demasiado general:

Estaba muy nervioso ante lo que pudiera suceder.

¿Por qué está nervioso? ¿Por desear lo que está próximo a suceder? O ¿justamente por lo contrario, por temerlo? ¿Es ansiedad, es inquietud, qué es?

Estaba expectante ante lo que pudiera pasar.

Aquí el adjetivo es mucho más preciso en su información, en relación a su contexto.

Por tanto, los adjetivos han de ser precisos y no vagos. Si se quiere buscar vaguedad en lo que se escribe, lo mejor es emplear descripciones vagas en su conjunto o expresiones que den ese efecto, pero no adjetivos imprecisos:

Era una suerte de esfera, pero se hallaba aplastada en puntos opuestos, por lo que tendía a la forma esferoidal.

Aquí la imagen es relativamente vaga o ambigua, pero cada adjetivo es preciso para su contexto. En cambio:

Era una figura geométrica parecida a una esfera, pero dos puntos opuestos de ella estaban más cercanos entre sí, y por tanto tendía a la forma esferoidal.

Primero el uso de “geométrica” no nos añade demasiada información útil, ya que luego hablamos de la esfera. Y aparte, en este caso el uso de “cercanos” no aclara mucho la situación.

No uséis adjetivos vagos ni aun cuando queráis hablar de cosas vagas. Los adjetivos por norma general han de ser precisos, como cualquier otro término.

 

b) Necesarios. 

Si empleamos adjetivos precisos, conseguiremos con ello escribir únicamente los necesarios. Muchas veces se escriben hasta tres adjetivos para describir algo, mientras que si empleamos un sustantivo o un adjetivo apropiado nos ahorraremos la lentitud a que llevan los adjetivos.

A propósito, veremos el caso de los sustantivos apropiados, dado que he decidido colocarlo en la sección de los adjetivos por su estrecha vinculación con estos:

Era un libro antiguo, de época medieval, de los que tienen hojas de pergamino y tapas de cuero.

O:

Era un códice medieval.

Con el empleo de un sustantivo adecuado, nos hemos ahorrado toda la descripción del otro caso.

Pero, ¿por qué evitar la proliferación de adjetivos? Porque, como sabemos, las descripciones ralentizan la lectura, dado que hacen referencia a circunstancias estáticas. Una enumeración de adjetivos solo habla de propiedades de sustantivos, y las propiedades no cambian en el tiempo, o al menos no suelen hacerlo con mucha rapidez, de ahí que paralicen el ritmo de la narración.

Por ello, cuantos menos adjetivos se usen mayor ritmo narrativo se obtendrá. Veamos ejemplos:

Era un coche rojo, muy alargado y potente, que corría a ras de carretera y cuyo aspecto era magnífico, impresionante y lujoso.

Hay demasiados adjetivos. ¿Cómo podríamos escribirlo?

Era un coche deportivo de alta gama, cuyo aspecto causaba fascinación y deseo.

Hemos expresado lo mismo con muchos menos adjetivos, por lo que hemos acortado la frase y hemos ganado en ritmo narrativo. Como siempre, en una frase no puede advertirse los efectos de escribir de un modo u otro, pero a la larga pueden convertir una narración lenta en una fluida.

 

c) El cambio de posición natural.

Los adjetivos suelen ir detrás del sustantivo al que complementan, pero si los cambiamos de posición se obtiene un registro más culto o poético. Por  tanto, hay que andarse con cuidado con este recurso, dado que si el registro general de nuestra obra es muy coloquial, poner estos adjetivos en una posición inusual puede chirriar. De vez en cuando pueden usarse, pero se insertan mejor en un registro algo más elevado o en personajes concretos que hablen de modo refinado.

Era un chico de cara sencilla que vestía sencillo. Sus movimientos eran un poco torpes y desgarbados, pero tenía una bondadosa expresión.

Aquí, la forma “bondadosa expresión” chirría un poco dentro del conjunto. Mientras que si todo el registro es culto, queda bien inserido:

Se trataba de un chico de cara y vestir sencillos. Eran sus movimientos más bien desgarbados, pero bondadosa su expresión.

Este estilo puede considerarse anticuado o excesivamente culto, aunque personalmente considero que si está bien escrito, puede ser hermoso. Con todo, advertimos de que su uso puede no ser bien recibido, además de que, en cierto sentido, dificultan la fluidez lectora por lo inusual de la estructura y de las palabras.

Cabe mencionar los adjetivos que, al contrario de la mayoría, suelen ir antes del sustantivo. Con lo que se vuelven poéticos al emplearlos después. Así es como escribiríamos normalmente el adjetivo “enorme”:

Sin embargo, la enorme curiosidad no le permitiría rendirse tan fácilmente (…).

Mientras que se vuelve más poético al escribirse como se escriben la mayoría de adjetivos:

Sin embargo, la curiosidad enorme no le permitiría rendirse tan fácilmente (…).

 

d) Crear epítetos.

El término epíteto tiene tres acepciones, y nosotros nos referimos aquí a aquella que la RAE coloca en segunda posición, a saber:

2. m. Palabra o sintagma fijo que tienen una función caracterizadora de personas o cosas.

Es el caso, por ejemplo, de Alfonso X el Sabio o Alejandro Magno. Estos adjetivos tienen no más que una función caracterizadora: acentúan la individualidad a las personas o cosas a que refieren.

De ese modo, podemos crear epítetos temporales con cosas o personas. Por ejemplo:

En aquel comedor había muchas manos. Había manos viejas y manos nuevas, manos nudosas y manos gruesas, manos limpias y manos cubiertas de cicatrices. Las manos viejas cubrían a las nuevas, las nudosas animaban a las gruesas, y las limpias curaban a las heridas.

En este caso, cada tipo de mano ha adquirido una caracterización por el epíteto que las acompaña, dado que no decimos que son “viejas” como un adjetivo más, sino que es el adjetivo el que nos permite identificarlas. A diferencia de los epítetos comunes, que son permanentes, estos pueden usarse simplemente para un pasaje concreto.

 

e) Superlativos. 

Algunos superlativos tienen una forma coloquial y otra culta. Es el caso de las palabras “pobrísimo/paupérrimo”, “negrísimo/nigérrimo” y análogas. En literatura no suelen usarse ni unos ni otros, ya que los coloquiales se consideran demasiado coloquiales y los cultos demasiado cultos. Aunque no descartamos la fórmula de la versión coloquial de los superlativos, encajan mejor en el lenguaje literario expresiones más estándares o bien literarias.

 

f) Adjetivos demostrativos.

Este punto es de índole personal. Diremos acerca de estos adjetivos (“este”, “ese”, “aquel”, etc) que los de mayor proximidad pueden romper la ficción. Al referirnos a algo que debería ser directamente perceptible, llamamos la atención sobre el hecho de que ese referente no está presente porque estamos leyendo.

Era un hombre de campo que trabajaba a diario. Este buen señor vivía así y no necesitaba nada más.

Al decir “este”, una palabra que usamos solo ante evidencias directas en la vida cotidiana, nos “salimos de la ficción”, dado que lo único que tenemos enfrente son letras. En cambio, el siguiente modo de expresarlo es más sutil:

Era un hombre de campo que trabajaba a diario. Vivía así y no necesitaba nada más.

Bien, una vez tratados los adjetivos, pasemos a los artículos.

 

3/ Artículos

 

Al igual que los sustantivos, los artículos son muy elementales y dan  lugar a poco margen de juego. En todo caso, comentaremos lo siguiente:

 

a) La omisión del artículo.

Omitir el artículo confiere un estilo más culto a lo que escribimos. Veamos ejemplos:

Su ejército se hallaba presto a afrontar el combate.

Y sin artículo:

Su ejército se hallaba presto a afrontar combate.

Como puede apreciarse, la omisión del artículo en el segundo caso dota a la narración de un tono más elevado. Por ello, como en el caso del cambio de posición de los adjetivos, hay que saber integrarlos con el registro de la obra en general, dado que de lo contrario puede desentonar.

 

b) Intercambiabilidad entre artículos y adjetivos determinativos posesivos. 

Esto es un pequeño truco. Se trata de la intercambiabilidad entre los artículos y los adjetivos posesivos (“su”, “mi”, etcétera). Suele serme de utilidad para no repetir artículos o posesivos:

Alzó su mano y agarró su espada, para después enarbolarla contra su rival.

En lugar de repetir tantos “su”, podemos decir:

Alzó la mano y agarró su espada, para después enarbolarla contra el rival.

Normalmente queda más elegante emplear un artículo que el posesivo, dado que suele presuponerse qué es aquello que se posee. Por ejemplo, en el caso del fragmento anterior, es evidente que quien alza la mano es la misma persona que toma la espada, de ahí que no sea necesario concretar que se trata de “su” mano.

 

c) Evitar la repetición del artículo “un” o “una”.

A veces se repite el artículo “un” o ” una” de manera muy seguida:

Apareció un ser de silueta informe, y llevaba un arma de mano y salió de una nave.

Mejor alternar recursos literarios, para mayor variedad y no caer en repeticiones fónicas:

De la nave surgió un ser de silueta informe, e iba armado.

 

4/ Pronombres

 

Tampoco los pronombres plantean mayores problemas ni demasiada variedad de empleo. En cualquier caso, mencionaremos lo que sigue:

 

a) Evitar confusiones. 

A veces nos referimos a más de un elemento o personas, y luego queremos referirnos a ellos con los pronombres “este” y “aquel”:

El perro y el gato jugaban constantemente. Este saltaba mientras que aquel corría.

En este caso, el pronombre “este” refiere al gato, ya que es el último sustantivo al que nos hemos referido, y “aquel” al perro. Como puede dar lugar a confusiones, lo mejor es o bien emplear otro recurso o bien dejar claro a qué o quién se hace referencia en cada caso:

El perro y el gato jugaban constantemente. Este daba arañazos mientras que aquel mordía con suavidad.

 

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2 comentarios en “Técnicas narrativas VIII: Sustantivos, adjetivos, artículos y pronombres

  1. Hola, me he leído todas tus entradas y déjame decirte que son de lo más genial.
    Son recomendaciones muy útiles y diferentes a lo que he leído con anterioridad, espero sigas escribiendo más técnicas y recursos.
    Muchas gracias.

    Me gusta

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