Técnicas narrativas IX: Verbos

He aquí el segundo artículo sobre categorías gramaticales aplicadas a la escritura literaria. En este caso trataremos, como bien reza el título, los verbos.

Los verbos son una parte indispensable de la cualquier narración. Existen estilos muy tendientes a la abundancia de sustantivos y adjetivos en detrimento de los verbos, pero lograr ritmo con ello es algo complicado y se requiere conocer muy bien dicha técnica. Para saber de qué hablo, recomiendo leer la novela Neuromante.

En todo caso, no consideramos que el caso contrario, es decir, el uso “abundante” de verbos, dificulte la narración, dado que la gran mayoría de verbos refieren a acciones y estas implican movimiento y cambio. De todos modos, no suele ser complicado saber en qué medida usar los verbos, ya que por así decir lo medimos de forma intuitiva.

Pasemos a explorar las posibilidades de los verbos:

 

1/ Tiempo verbal apropiado

 

Muchas veces empleamos los tiempos verbales de modo incorrecto. Normalmente la confusión se da entre las acciones acabadas y las que se prolongan en el tiempo y cuyo término no se especifica (pretéritos “perfecto” e “imperfecto”, respectivamente). Pongamos ejemplos, primero uno en que los protagonistas creen que alguna criatura las siguió en un lugar anterior, y con la que luego se topan.

—¡Es ella! Ella nos siguió en el túnel.

Pero como se trata de una acción indeterminada, cuyo término se desconoce, el verbo “seguir” debe escribirse en pretérito imperfecto, tal que así:

—¡Es ella! Ella nos seguía en el túnel.

Esto suele hacerse de forma intuitiva, pero para ello hay que tener clara la distinción. También puede haber confusiones cuando una acción es anterior a otra ya transcurrida, en cuyo caso es aconsejable emplear el pluscuamperfecto:

Unai agredió al enemigo con sus sables, pero este lo repelió con facilidad. Víctor había sacado su espada y lanzó una estocada, aunque nuevamente el enemigo reculó y se zafó.

Aquí puede verse que Víctor saca la espada aproximadamente en el mismo momento en que Unai ataca al enemigo. Pero como no podemos escribirlo de modo simultáneo dado que la literatura es algo que se despliega en el espacio, debemos emplear otras formas. En este caso, ese pluscuamperfecto (“había sacado”) nos señala que la acción ya se ha tomado, y que la acción “se actualiza” tras del ataque de Unai.

 

 2/ Lo más simples y naturales posible 

 

A veces introducimos formas verbales más complejas de lo que se requiere.

Cuando hubo acabado de cocinar, se puso a fregar.

¿Para qué tanta palabra, cuando podemos decir?:

Cuando acabó de cocinar, se puso a fregar.

Así que como consejo diremos que para las acciones pasadas lo mejor es emplear siempre el pretérito imperfecto y el perfecto simple, y dejar las otras formas únicamente para casos inevitables. Cuantas menos palabras requieran las formas verbales que usemos, más se ganará en ritmo y claridad, y cuanto más naturales sean, más facilitarán la lectura.

 

3/ Formas no personales

 

Las formas verbales no personales incluyen el infinitivo, el participio y el gerundio. Salvo el participio, que no suele dar mayores problemas, hay que andarse con cuidado con las otras dos. Veamos por qué:

 

a) Gerundio de posterioridad.

Este empleo anómalo del gerundio proviene seguramente del inglés, donde sí está admitido, pero no en español:

Apretó el gatillo, disparando* la pistola.

Aquí se emplea el gerundio para referir un hecho que es consecuencia de otro, de ahí que se llame “de posterioridad”, y su uso es incorrecto.

Apretó el gatillo, con lo que disparó / y disparó / por lo que disparó / tras de lo que disparó.

Hay muchas formas de indicar que un hecho sucede a otro.

 

b) Gerundio en general.

Personalmente, lo evito en lo posible, ya que las formas personales suelen conllevar mayor claridad y fluidez:

Siguiendo con la marcha, llegaron al final a su destino.

O:

Siguieron con la marcha y al fin llegaron a su destino.

 

c) Infinitivo para empezar oraciones.

También evito el empleo del infinitivo para empezar frases, lo cual es más propio del estilo académico y puede entorpecer el ritmo narrativo:

Salió a la calle y ese día empezó su dieta. Correr no era algo que le agradase, pero tenía que conseguirlo.

Mejor:

Salió a la calle y ese día empezó su dieta. No le entusiasmaba correr, pero tenía que conseguirlo.

 

d) Infinitivo como imperativo.

Uno de los usos incorrectos del infinitivo consisten en su substitución por el imperativo de segunda persona del plural:

—Vamos, ¡correr*!

El uso adecuado es:

—Vamos, ¡corred!

 

e) Infinitivo mal empleado.

Tampoco es correcto este tipo de uso:

—Para empezar, mencionar* que he de dar las gracias a todos los que me ayudaron.

Debe emplearse un verbo y no omitirse:

—Para empezar, permítanme que dé las gracias a todos los que me ayudaron.

En general, evito las formas no verbales en la medida de lo posible, dado que son formas por así decir más “estáticas”. Considero que los verbos generan más sensación de movimiento cuando se enlazan con sujetos, dado que sus significados se asocian a cosas o seres y no a entidades abstractas.

 

4/ Modo subjuntivo

 

El modo subjuntivo no tiene por qué dar mayores problemas, pero recomendamos usarlo únicamente en casos imprescindibles, ya que el modo indicativo suena más natural.

Regresó al lugar donde se encontrara con ella.

Suena más natural (aunque menos poético):

Regresó al lugar donde se había encontrado con ella.

 

***

 

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