Técnicas narrativas XI: Preposiciones, conjunciones, interjecciones y onomatopeyas

Este será el último artículo dedicado a las diversas categorías gramaticales. Trataremos en él las preposiciones, las conjunciones, las interjecciones y las onomatopeyas.

 

1/ Preposiciones 

 

Las preposiciones son formas invariables que sirven para introducir palabras o sintagmas que cumplen la función de complemento de otras. Dicho esto, ¿qué consideraciones literarias podemos considerar al respecto?

 

a) Apropiadas. Parece algo evidente, pero a veces se confunden unas preposiciones con otras. Si tenéis dudas, podéis consultar un diccionario de preposiciones.

 

b) No repetir. Resulta más elegante no repetir la misma preposición en poco espacio.

No sabía por dónde avanzar, por lo que tomó el camino de la izquierda.

Personalmente, siempre procuro evitar este tipo de repeticiones:

No sabia hacia dónde avanzar, por lo que tomó el camino de la izquierda.

 

2/ Conjunciones

 

 Las conjunciones tienen la única función de unir palabras, sintagmas o proposiciones.

 

2.1) Conjunciones coordinantes. 

 

Unen palabras, sintagmas o proposiciones de igual función sintáctica o independientes entre sí. Se trata de las copulativas (y, e, ni), adversativas (pero, aunque, sino) y disyuntivas (o, u, o bien).

 

a) Variar.

Al caso, es preferible utilizar diversos tipos de conjunciones, y no siempre las mismas:

Corrió hacia la salida, pero la puerta se cerró, pero tampoco le importó.

Es preferible variar en el tipo de conjunciones coordinantes para darle más diversidad al texto.

Corrió hacia la salida, pero la puerta se cerró, y sin embargo [nótese que son dos conjunciones] no le importó.

En este caso estamos usando dos proposiciones adversativas, pero nos hemos valido de diversos recursos.

 

b) Comodín de las copulativas.

Esto es más bien un pequeño truco. La conjunciones copulativas funcionan como una suerte de comodín. Pueden emplearse con gran frecuencia y no resultan molestas, ya que son, por así decir, las conjugaciones más elementales.

Se marchó hacia las colinas, y nadie formuló preguntas. Allí era feliz, y no se importunaba su vida. Y si bien sentía a veces la tentación de regresar, siempre aparecía un pequeño detalle de la vida de campo, y se quedaba.

Aquí se han introducido muchas conjunciones copulativas, pero no parecen especialmente molestas.

 

c) Evitar disyuntivas.

No resulta del todo elegante emplear disyuntivas, ya que es un recurso más bien coloquial. En un texto narrativo no queda muy bien emplear las dudas o las alternativas que sugieren las oraciones disyuntivas:

Se trataba de hombres lobo o licántropos.

Es preferible escoger una u otra, ya que emplear dos palabras para el mismo significado resulta excesivo. Otra cuestión es que se introduzcan palabras inventadas, aunque siempre puede emplearse algún otro recurso. (Imaginemos que los habitantes de una localidad llaman a los hombres lobo “lobohombres”):

Se trataba de licántropos, aunque las gentes de Mulgaria los llamaban “lobohombres”.

En las enumeraciones también queda poco elegante emplear disyuntivas:

En aquella sala había algunas mesas y frutos, o armarios y libros.

Puede ser muy poético, pero hay que saber cómo aplicarlo. En mi opinión, los recursos muy poéticos deben emplearse en contextos muy poéticos, para que no chirríen con el resto de la narración.

 

2.2) Conjunciones subordinantes. 

 

Las conjunciones subordinantes introducen palabras, sintagmas o proposiciones cuya función sintáctica depende de otra palabra, sintagma o proposición.

 

a) No repetir. 

Como siempre, la diversidad contribuye a darle gracia y ritmo a la narración. Concatenar conjunciones subordinantes no resulta muy estético:

Saltó hacia la mesa, que se cayó, que rompió el parqué.

Mejor:

Saltó hacia la mesa, que se cayó y rompió el parqué.

 

b) No emplear fórmulas muy cultas o académicas.

A no ser que nuestro estilo sea de por sí de registro culto, es preferible no usar fórmulas como “puesto que”, “conque” y demás, sino otras más neutrales como “ya que”, “con lo que”, “por lo que”.

Los siguientes puntos son más personales, pero los introduzco por si pueden servir a alguien.

 

c) Evitar las completivas con “que” con función de sujeto.

Las completivas son subordinadas que cumplen la función de un sustantivo, entre los que se halla la función de sujeto.

La pared cayó sobre el monstruo, que quedó aplastado.

En este caso el “que” cumple la función de sujeto. En concreto habla del monstruo, por lo que la frase resulta algo reiterativa. Quizás sería preferible aplicar una fórmula como:

La pared cayó sobre el monstruo y lo aplastó.

En otros casos este “que” puede ser útil cuando pueda haber ambigüedad:

El héroe corrió y golpeó al monstruo, que quedó paralizado de horror.

Aquí queda claro que es el monstruo quien queda paralizado, debido a la proximidad entre este y el “que”. Sin embargo, si dijéramos lo siguiente, podría haber ambigüedad:

El héroe corrió y golpeó al monstruo, y quedó paralizado de horror.

Aquí no se sabe bien quién queda aterrado. Por eso este consejo solo debería aplicarse en casos donde no haya lugar a ambigüedades.

 

d) Evitar condicionales.

Suelo evitar los condicionales dado que me parecen demasiado coloquiales y a veces forzados.

Si uno se esforzaba, podía prosperar en la lejana ciudad  de Tame’rin.

Personalmente emplearía una fórmula más literaria:

La ciudad de Tame’rin era generosa, y concedía prosperidad a quienes se esforzaban.

 

e) Eliminar las conjunciones completivas “quien”.

Estaba casada con Héctor, quien no era muy amable.

Suena algo forzado o reiterativo. Según mi criterio resulta más fluido decir:

Estaba casada con Héctor, que no era muy amable.

3/ Interjecciones

 

Las interjecciones son palabras con significado expresivo que no suelen realizar funciones sintácticas: es el caso de “¡eh”, “¡ay!”, “¡uf!” y demás.

Las interjecciones son muy útiles para conferir expresividad y realismo a los diálogos y monólogos internos.

-¡Eh, baja de ahí!

Y:

“¡Puf! ¿Cuándo terminará  de hablar este hombre? ¡Me está poniendo de los nervios!”.

Sin embargo, hay que usar interjecciones que realmente apliquemos en la vida cotidiana o que no hayan pasado de moda, porque de lo contrario se obtendrá el efecto contrario y resultará artificial:

-¡Carámbanos, qué interesante!

Y:

“Demonios, ¡qué calor!”.

4/ Onomatopeyas

 

Las onomatopeyas son palabras que tratan de reproducir un sonido, como “quiquiriquí”, “runrún”, “clac”, “pam”, y demás.

Las onomatopeyas se emplean mucho en inglés, pero personalmente creo que en español no resultan demasiado literarias y suenan hasta infantiles:

Encañonó el revólver y ¡pum! La víctima regaba el suelo con su propia sangre.

O bien:

Encañonó el revólver y accionó el gatillo de la muerte. Al acto, la víctima regaba el suelo con su propia sangre.

 

 

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