Recursos para escritores V: El estilo estándar y el estilo propio

La entrada de hoy es más bien una reflexión sobre lo que he denominado estilo estándar. Este consiste en el conjunto de “reglas” de “cómo se debe escribir”, y no me refiero a reglas ortográficas o gramaticales, sino propiamente narrativas y estéticas. Antes de nada, para mí esas reglas de estilo o de narración son simples consejos o guías, que es como me tomo mi propio blog y los consejos literarios de cualquier índole, vengan de quien vengan.

Lo que se establece con todas esas técnicas de cómo escribir, digo, es el estilo del que se prevé que potencialmente gustará al mayor número de lectores. Es decir, lo que se hace es limar todas las cosas muy extremistas o personales para que pueda gustar a más gente; en otras palabras: el fin del estilo estándar es el bestseller.

Es cierto que hay reglas “objetivas” de calidad narrativa, como por ejemplo, que una historia ha de ser coherente. Pero de ahí a lo que se aconseja hay muchísimo más, cosas que no son necesariamente malas. ¿Describir muchísimo es malo? ¿No esbozar los personajes es malo en todas las circunstancias? ¿Que no se entienda algo y sea voluntariamente críptico es malo?  ¿Escribir con un lenguaje muy culto es malo?

No. Nada de eso es escribir mal, o de modo inapropiado, o incorrecto, o como se quiera. Pero se aconseja evitarlo porque puede no gustarle al mayor número de gente. Un libro es más accesible al gran público si el lenguaje es fácil que si es rebuscado y complejo; es más accesible si hay acción que si hay poca; más accesible si es claro a críptico y alegórico.

La literatura está subyugada a la obtención de bestsellers, al gusto de la mayoría. ¿A dónde hemos llegado? Sí, la literatura es un negocio. Pero no es solamente un negocio, sino que antes que nada es una arte. Sin embargo, la crítica considera que el escritor que quiere experimentar ha de ser un escritor que antes haya demostrado al gran público que sabe escribir novelas estándar. Ha de ser un escritor consagrado de acuerdo al canon establecido para que se le permita experimentar y se le valore. “Es que él ya demostró que puede escribir como se debe. Ahora puede hacer cualquier cosa, por más que una chapuza, que se le respetará y abalará”. El estilo propio, y no me refiero a pequeñas variaciones dentro del canon, sino a experimentaciones osadas, ¡tiene como condición necesaria que se domine el modo establecido de cómo escribir!

Con todo, mantengamos los pies en la tierra. Sí: lo más probable es que cuanto más te alejes del estándar, menos posibilidades tengas de llegar a un gran público. Si quieres ganarte la vida escribiendo (objetivo que comparto), lo más sensato parece ser empezar por obras que experimenten más bien a nivel de trama y de contenido, pero no a nivel de estilo o de otros elementos literarios. Si no le das mucha importancia a ganarte la vida escribiendo, entonces seguramente ya escribirás como te venga en gana y poco o nada de este artículo te será de utilidad.

Sin embargo, a la novela estándar se le puede contraponer el yo asumo. Esta “fórmula” consiste en asumir que uno o varios elementos de un escrito propio no cumplen las reglas objetivas ni el modelo estándar, con todas sus posibles consecuencias.

¿Esto significa que una novela rompedora no puede gustar a un número considerable de gente? Evidentemente no. Solo significa que probablemente lo tendrá más difícil.

¿Significa que las novelas estándar son mediocres o que hay que evitar ese estilo? No, muchas veces ese estilo tiene cosas muy interesantes y que realmente pueden contribuir a mejorar una novela.

¿Es un ataque al mundo editorial? Tampoco. Es un negocio y como tal debe ser rentable. Un profesor del Máster en Edición nos decía: “Si quieres que tu editorial publique libros diferentes y con pocas expectativas económicas, necesariamente tienes que publicar libros que vendan”.

Entonces, ¿qué es esta entrada? Es, como decíamos al principio, una reflexión, una llamada de atención a la aureola que se está creando en torno a un estilo muy cerrado orientado a la ganancia económica. Es una crítica al hecho de pretender pasar por reglas objetivas ciertos consejos y sugerencias que tienen como finalidad última el bestseller, puesto que sobre literatura hay muy poco realmente objetivo. Es un alegato a la experimentación y originalidad en todos los aspectos de la literatura, porque ante todo, como decíamos, la literatura es arte.

 

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