Teoría literaria I: Explicación psicológica de por qué no hace falta prodigarse en detalles y cuestiones derivadas

Con la presente entrada inauguramos una nueva sección, a saber, Teoría literaria. Como su propio nombre indica, estará destinada a objetivos más teóricos y no tanto prácticos en cuanto a la literatura, pero suele suceder que de lo teórico pueden extraerse verdades prácticas.

 

1/ La Psicología de la Gestalt 

 

La psicología de la Gestalt es una corriente de dicha disciplina que estudia principalmente la percepción humana. En ese sentido, se establecieron una serie de “leyes” de la percepción, esto es, modos de procesar los estímulos. Vale, pero ¿cómo se aplica esto a la literatura?

La ley que nos interesa aquí es la llamada Ley de la completud. De acuerdo a esta ley, la mente humana tiende a completar la información que falta en un cúmulo de estímulos.

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Ahí no hay un triángulo, pero todos lo vemos. Nuestra mente lo hace automáticamente, rellena las líneas que “faltan”. Podéis ver otros ejemplos como este si buscáis sobre la teoría de la Gestalt en un buscador.

 

2/ La ley de la completud y la literatura

 

Bien, permitidme poner un fragmento inventado para ver cómo esta ley se aplica también a la literatura:

Llegó a la casa y su primera impresión lo maravilló. Rodeada de naturaleza, al pie de un lago brillante por la luz del Sol, la casa no hacía sino parecer otro elemento del entorno, como crecido de la tierra.

¿Cuántos sustantivos he usado? He hablado de la casa, de la naturaleza, del lago, del Sol. Unos pocos elementos y muy generales, y sin embargo en nuestras mentes se han generado muchos más detalles. Cuando yo hablo de un coche, un gato, o un árbol, es inevitable que se cree un mínimo detalle en nuestra generación imaginaria, porque la mente humana no soporta la falta de información, y antes que eso prefiere rellenarla con creaciones imaginarias (en principio usando recuerdos).

Bien, y vamos al quid de la cuestión: si la mente del lector completa por sí misma la información de conceptos generales como “casa” y “naturaleza”, ¿por qué íbamos a prodigarnos en detalles? No es necesario dar detalles irrelevantes, porque ya los pondrá cada lector a su manera.

3/ El lector participa en la creación de la obra literaria

 

Eso es lo hermoso de la literatura, que las obras literarias siempre están de algún modo incompletas y es el lector quien contribuye a completarlas. Una pintura o una escultura vienen dadas, y el espectador puede interpretar más bien poco (si son obras figurativas). Lo mismo sucede con el cine en general.

Pero las palabras nunca están “dadas”, nunca son completas, sino que son meras sugerencias a ciertos significados, y esa actividad creadora es la que nos apasiona en la lectura de obras. Una historia literaria es un juego de sugerencias, y los escritores somos esos sugeridores de mundos. Ofrecemos plataformas para que otros creen sus propios mundos particulares, puesto que, como hemos visto, la lectura no es una actividad pasiva, sino una actividad creadora. Nadie lee la misma obra por más que lea la misma secuencia de palabras, porque en su mente cada persona ha generado una historia distinta, desde los matices de cómo son las cosas, los personajes y los entornos, a cómo se reacciona emocionalmente a los sucesos.

Por tanto, yo sugiero que explotemos esta interesante propiedad de la literatura, y que entremos en detalle lo mínimo posible para dar más espacio a la creatividad del lector. Esto no siempre es posible ni deseable, ya que a veces sí queremos ceñir mucho la “sugerentidad” (palabro que creo para el caso) de las palabras para apuntar a sucesos muy concretos. Pero al menos en mi caso, disfruto mucho más con obras justas en detalle que con obras de exceso de detalle, y en cierto sentido, no dar mucho detalle al lector es un signo de respeto por este al reconocer su propia capacidad creadora. Podríamos decir que esta concepción de la literatura es una concepción de fuerte tendencia humanista, en el sentido que trata de promover la actividad creadora de la persona. También coloca el foco de la creación literaria en un punto intermedio entre el autor y el lector, aunque sí es cierto que el autor evidentemente tiene un peso creativo mayor.

 

4/ La teoría del signo liberado

 

Esta sección es más teórica y personal. He llamado teoría del signo liberado a la teoría semiótica según la cual los signos de los lenguajes naturales no apuntan a realidades concretas, sino más bien a esencias, esto es, a propiedades básicas de cada hecho. Es decir, la definición de las palabras solo apuntan a lo más elemental de la cosa que representan, pero no a todo el conjunto de detalles, matices, particularidades de cómo puede ser esa cosa.

Esa singularidad es tan importante como lo esencial, y ahí está el juego de la literatura: en dejar que el lector dote de particularidad a las esencias que muestra el autor.

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