La Cosmovisión Hipersintética. Artículo 1: Crítica del binomio sujeto/objeto

Si en el artículo A y en el B hacíamos una primera introducción a las raíces de mi filosofía, en este entramos ya en la que he llamado Cosmovisión Holística, aquella que trata de eliminar todas las distinciones o individuaciones de la realidad para darnos un punto de vista nuevo y bajo mi modo de ver muy interesante.

El primer matiz consiste en que no comparto del todo que el ser consista en aquello que es percibido, porque esto implica la aceptación de cierto prejuicio que comentaré un poco más abajo, cuya crítica nos aleja definitivamente de la fenomenología.

Para mí el Ser no es lo que es percibido, sino lo empírico por sí solo, al margen de nociones de sujeto y objeto.

Si esto no se entiende por el momento, procedo a desgranarlo paso por paso: como decía, hay un prejuicio en la tradición filosófica occidental (desde la Cosmovisión Hipersintética) consistente en la separación entre el sujeto y el objeto, entendidos evidentemente en sentido filosófico.

El sujeto vendría a ser, en su acepción más común, todo ente o ser capaz de percibir, y el objeto sería aquello que este percibe: un objeto puede ser una cosa corriente, un pensamiento, etcétera, o en un sentido más amplio podemos entenderlo como todo aquello dentro del Universo o la Totalidad que no soy yo mismo.

Así, la gran mayoría de filósofos occidentales, si no todos, parten de esta separación entre el yo y lo-que-no-soy-yo (el mundo).

Hagamos pues una crítica de la siguiente idea:

 

a) El sujeto es aquella entidad desde cuyo interior se percibe lo externo, mientras que el objeto es aquello que es percibido (el objeto percibido puede ser a su vez otro ser percipiente, aunque uno jamás puede saber del todo si otro ser puede percibir o no, sino solo tener indicios de ello).

El núcleo de este argumento consiste en el acto de percibir en sí mismo, por tanto debemos apuntar nuestras lanzas hacia él.

¿En qué consiste percibir?

En su sentido más básico, vendría a ser la captación de los estímulos del mundo ajeno al del propio cuerpo (el mundo externo) y su “procesamiento” sensorial-neurológico-cognitivo. Digo “sensorial” porque en principio los estímulos no solo se procesan a nivel nervioso, sino que ya vienen “modificados” por las particularidades de los órganos sensitivos. Se dice que un perro huele varias veces más que un humano, por lo que su percepción de un mismo estímulo (partículas en el aire) sería distinta ya desde la diferencia de los órganos sensitivos.

Luego esos estímulos pasarían al sistema nervioso periférico y de este al central (no siempre es necesario que llegue al encéfalo sino que en algunos casos basta con que llegue a la médula espinal). Allí se da una serie de reacciones bioquímicas y entonces tenemos percepciones, es decir, la sensación de color, de temperatura, de dolor, de mareo, de olor, de sonido, de sabor y demás.

¿Qué críticas podemos hacerle a esta concepción?

a.1.) La psicología aún no ha podido explicar cómo se da el paso de lo fisiológico (es decir, del cuerpo físico, haciendo hincapié en este caso en el sistema nervioso central) a lo psicológico, entendido como las sensaciones en sí (color, textura, sonido, etcétera).

¿Cómo se pasa, en efecto, de un mero traspaso de neurotransmisores y corriente bioeléctrica a la sensación del rojo? 

Por el momento es un completo misterio, por tanto la noción de qué es percibir no queda resuelta con esta concepción.

 

a.2.) ¿Qué es un estímulo?

La psicología afirmará que se trata de alguna energía o fuerza física que interactúa a nivel físico-químico con el cuerpo. Sin embargo, ¿cómo podemos distinguir el estímulo de su percepción final, después de todo ese proceso bioquímico? Por ejemplo: ¿no es el calor una sensación? Aunque tengamos teorías sobre el calor, como el hecho de que se da con la fricción de las partículas físicas, estas teorías siempre se basan a su vez en percepciones, por tanto nunca escapamos del ámbito de la percepción, de la sensación entendida en su manifestación “psicológica”. Tratar de explicar la percepción y cualquier otra circunstancia de la realidad sin apelar a las sensaciones es como tratar de explicar qué es el lenguaje sin emplear ningún lenguaje: sencillamente imposible.

Por tanto, aunque se explicase cómo funciona la percepción, siempre estaríamos en el cercado de las percepciones directas o psicológicas, ya que no hay nada más allá de estas. No hay ningún mundo externo del que procedan estímulos, ya que los estímulos son meras nociones teóricas basadas en ideas, y las ideas siempre son percepciones. No puede haber idea sin sensación, no puede haber idea que no sea, a nivel imaginativo, un color, un olor, un sonido, etcétera. Siempre que tratamos de salir del ámbito de las percepciones, nos encontramos únicamente con más percepciones. Todo esto es algo que se desprende directamente de la noción berkeleyana del ser, y por tanto él también concibió esta idea.

 

a.3.) No hay prueba de que los sentidos, el encéfalo o cualquier otra entidad, como las Formas de la Gestalt o las categorías de Kant, modifiquen en modo alguno los estímulos.

Si los estímulos siempre son percepciones, entonces ¿en qué medida se modifican? No es que aparezca primero algo así como un estímulo y luego la percepción final de ese estímulo, procesada y todo, sino que solo existe este último.

En definitiva, se habla de Tres Fases de la Percepción: una Fase Primera de Captación, en la que el sujeto presuntamente capta los estímulos; una Fase Segunda de Moldeamiento, en la que los sentidos y el sistema nervioso o las formas mentales (entendidas aquí a la manera de la Gestalt) moldean esa primera captación; y finalmente la Tercera Fase de Percepción, donde ahora sí que sí, aparecen finalmente los colores, los sonidos, las texturas y demás.

Sin embargo, las primeras dos fases son puramente hipotéticas, y lo único de lo que podemos dar cuenta es de la tercera y última.

 

Conclusión: 

Si el sujeto se define como aquello que percibe, pero el propio acto de percibir no se puede explicar, entonces ¿qué es ese sujeto? Parece que es solo una idea sin fundamento real.

Y si el objeto se explica a su vez como aquello percibido, pero de nuevo no podemos explicar qué es percibir, entonces no existe una distinción real entre el yo y el mundo externo, ya que la definición del objeto y del sujeto dependen directamente de la definición de qué es percibir. Conque nos vemos abocados a un mero Aglomerado de Sensaciones (o Empirias).

Y por tanto, si no hay una diferencia evidente entre sujeto y objeto, la diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo desaparece, o lo que es lo mismo: lo subjetivo y lo objetivo son lo mismo, en lo que he llamado Identificación de lo subjetivo y lo objetivo.

En el siguiente artículo profundizamos en la noción de sensación o percepción, ya que si esta no es algo que se dé en una mente o en un yo, ¿qué es lo empírico?

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2 comentarios en “La Cosmovisión Hipersintética. Artículo 1: Crítica del binomio sujeto/objeto

  1. El problema que le veo es que estás demasiado arraigado al conceptualismo (deduces la cosmovisión simplemente del hecho de que parece que se dan cambios a través del pensar la realidad). Pero creo que en el fondo los cambios no son conceptuales (los conceptos son signos), no son de “pensar”, sino que los cambios son prácticos. Entender la realidad de otra forma es transformarla directamente (la figuración a través de las operaciones del cuerpo). Es por eso que creo que la filosofía, la poesía y la literatura son sugestivas y no hay detrás de ellas una presunta forma distinta de “ver” las cosas. En el Decir todo es decible, pero eso nos lleva a la circularidad y al juego Derridiano, y algo mucho más fuerte: al dominio sobre el Otro. Todo los juicios sobre la realidad o la totalidad son simples palabras, simples sonidos, simples signos…. Que se diga algo distinto no significa que se vea algo distinto, significa que se están empleando otras palabras. Es curioso que pese a que hay una presunta pluralidad de mundos y de cosmovisiones… pero abrimos las puertas para entrar a un sitio y hacemos cosas muy similares. Es en el Decir, en la presunta diferencia a la hora de decir algo, de donde deduces un error en el que estamos encerrados gracias al conceptualismo y al platonismo (al eidetismo).

    Poseer una forma distinta de entender la realidad no es describirla, es hacer cosas distintas. Y lo que hace distinto al mundo estriba precisamente en la efectividad, en lo que provocamos con la acción. Todo lo demás es vivir en la imaginación (esto es una metáfora), es decir, vivir en la creencia de que las palabras, los signos y los conceptos es lo que nos hace entender la realidad. Pero la palabra “Perro” no es un perro, y cuando pensamos sólo estamos ante imágenes, sonidos y afectividades asociadas. Creo que confundes el estado afectivo con el mundo. Heidegger indica muy bien que las cosas están como “coloreadas” por la afectividad, pero al nivel de prágmatas manifestamos que son completamente intersubjetivas.

    Si te interesa la postura más adecuada a lo que propones puedes buscar el trabajo de José Robles Rodriguez, que trata el cómo la percepción se modifica a través de las prácticas operatorias sobre el mundo. Yo ahora mismo por decirlo de alguna forma estoy en una especie de intento de pensar un singular transcendental (que no sujeto únicamente operatorio ni meramente determinado “empíricamente”).

    Por otro lado, leyendo por encima, creo que no has entendido del todo la fenomenología. Primero porque aquel filósofo que logra desprendernos de ese esquema es Heidegger, y también porque la distinción Objeto/Sujeto no se articula siempre de la misma forma. En el caso de la fenomenología hay varias fases dentro del propio Husserl, y en la fenomenología el Noema está indeterminado fenoménicamente. Tampoco es cierto que la percepción sea lo único que juega un papel fundamental en la fenomenología, ya que tanto la Imaginación como la Phantasia (ésta última rescatada a través de los estudios que se hacen en Lovaina) juegan un papel decisivo (La imaginación para la variación eidética y la Phantasia para lo cuasipresente, como la interioridad del Otro).

    Y otro error fundamental que veo más en tu filosofía es en tu pretensión: la de decir que la filosofía occidental es X hasta que tú has dicho Y. Eso no es cierto, hay una cantidad de autores inmensa, hay muchísimos autores que no hablan de objeto/sujeto, además de que algunos son obviamente opuestos al sistema eidético que prácticamente poseen todos los conceptualistas. Obviamente muchas cosas que dices al nivel digamos de la interacción entre el estrato físico al químico, y luego al biológico, es cierta. No creo que sepamos demasiado sobre eso, pero creo que sí sabemos bastante a nivel “fenoménico”, verdades como que no encontramos necesidad alguna en obrar de una forma determinada y no de otra. Tampoco sabemos si alguien conoce originariamente lo que quiere decir o lo dice porque lo he leído en un libro. Precisamente tomarse en serio la fenomenología es hacer Epojé, que para mí es “Parón y reordenación”, y eso lo que implica no es un parón hacía el libro (hacia el signo), no es quedarse sentado y seguir en la imaginación, sino en saberse una voluntad de poder (una fuerza efectiva por el mero hecho ya de estar y tener significación para los Otros).

    La resolución al problema que planteas es simplemente abandonar el conceptualismo (funciona gracias a la estructura del lenguaje). ¿Para ti qué significa saber lo que es percibir? ¿Poder definirlo? Sabemos lo que es percibir porque ya lo hacemos. Un perro sabe lo que es percibir porque lo hace constantemente. (De ahí que bajo mi punto de vista la Noesis sea el criterio de evidencia, y no el Noema). Te puedes tirar toda la vida preguntándote lo que es un perro, pero lo has tenido delante constantemente. ¿Una persona que trabaja en una peluquería sólo sabe lo que es una peluquería si sabe definírtela?. Sabemos lo que es la percepción, pero podemos plantear las relaciones que puede haber entre los diversos estratos (físico, químico, biológico, psicológico…) pero la filosofía no tiene nada que decir al respecto de algo que todo ser humano ya sabe por el mero hecho de que es intrínseco. La misma noción de duda es nada más que no saber lo siguiente que se tiene que hacer, no saber si tengo que poner una palabra o abrir la caja misteriosa. Pero dudar de la propia existencia no es nada más que andar con palabras. ¿Cómo conectas la palabra “perro” con el perro? No se conecta. La única respuesta que te puede dar alguien es “Porque tenemos el concepto perro”, es decir, platonismo. Si cuando piensas en un perro no se te da nada distinto de la imagen de la figura, el sonido del ladrido, el recuerdo que te provoca y las palabras al modo visual o sonoro, entonces no hay conceptos.

    La misma distinción entre Empírico y Transcendental es una cosa no inteligible, porque esa distinción no se puede nada más que extraer de la estructura del lenguaje, no de la “realidad” misma”. Es decir, o te quedas con Kant y toda la tradición filosófica para sostener lo que dices, o te aproximas a Wittgenstein y Derrida (yo estoy intentando no caer en ninguno, pero en fin).

    Un saludo, Nodea.

    PD: Lo interesante no es plantear distinciones de Relativismo, Objetivismo ni nada por el estilo (no comprendo demasiado bien que quieras romper la distinción Sujeto/Objeto y luego hables de Objetivismo). Sabemos perfectamente que Sujeto y Objeto son simplemente términos vacíos, porque hay una diferencia monumental entre un trozo de madera y un trozo de piedra. No existen “Las meras cosas” (como diría Heidegger), ni tampoco “Las cosas”, son simplemente palabras que empleamos para no comprometernos a la hora de intentar definir la singularidad misma del perro que es el que tenemos nosotros y no el del vecino. O incluso para no sacarle a pasear. Y por último: la ciencia no tiene que demostrar nada en el Decir, las ciencias transforman el mundo directamente (observa la tecnología). No hay “datos empíricos”, lo que hay son operaciones sobre lo que llamamos mundo para transformarlo, y conocerlo a nivel científico es saber lo que tenemos que hacer para provocar una serie de “efectos”. Nadie es tan majadero de creer que la verdad de las leyes de Newton está en los signos ni en las fórmulas, sino que con esas “leyes” se envían con precisión sondas al espacio. (Bajo mi punto de vista la teoría no existe, no hay visión intelectual ni formas de pensar). El único camino interesante que puede haber para la filosofía es abandonar el camino del esclavo platónico de la caverna por otro mito que nos permita dejar de estar engañándonos a través de palabras (y no me refiero a Wittgenstein). Dicho de forma metafórica “Ya vivimos en la verdad”, y desde luego que no hay la verdad fundamental que queremos que haya “la de saber qué es lo que se tiene que hacer”. Lo planteamos todo así “Qué tengo que hacer para ser feliz, para conocer la realidad, para X o Y, para ser reconocido en la historia de la filosofía, para ser querido…etc”. Pero todo esto que te digo no es un intento de convencerte, puesto que uno no puede parar de pensar como siempre ha pensado (es decir, lidiando siempre con palabras y con vivencias), y tu convicción será lo suficientemente determinante como para que sigas adelante (el reconocimiento o no que obtengas no será porque nos hayas desvelado lo que es un perro). Bajo mi punto de vista no hay tanta diferencia entre un analfabeto y un gran filósofo, salvo que éste último tematiza lo que no es tematizable en el discurso, que es “la cosa”, puesto que se nos escapa completamente a la hora de hablar de ello. Ahí el absurdo de resolver las inquietudes hablando. ¿Dónde está todo lo que digo a través de estas palabras? Sin embargo, un veterinario sabe cómo tratar al perro cuando está enfermo. ¿Qué hace un filósofo? Confundirse a si mismo y al Otro. Pero creo que tú y yo vamos a seguir haciéndolo hasta que nos muramos porque para nuestro bien (o para al menos no aburrirnos), la convicción en el fondo es únicamente tratar de superarse y no dejarse convencer o decir “Hasta aquí he llegado”. Pero creo que es sano saber que Aristóteles no sabía más sobre el perro que cualquiera de sus esclavos, salvo que pudiese curar la enfermedad del perro (es decir, que tenga Experiencia y Técnica en términos aristotélicos). Ahora, ¿existe el Nous? Lo mismo no.

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  2. Encantado de volver a hablar contigo, Nodea. Grata sorpresa el comentario 🙂 Bueno, voy a responder a tus críticas:

    -[Primer párrafo y la crítica al conceptualismo]. Esta crítica es interesante, pero dado que estoy hablando desde una Cosmovisión Holística (es decir, una en que trato de eliminar todas las distinciones de la “realidad” y por tanto la que se crea entre sujeto y objeto), lo cambios en la forma de ver las cosas no puede deberse a un conceptualismo, dado que este, como bien dices, implica un pensar, y si no hay sujeto no puede haber pensar, sino a lo mucho un mundo que cambia por sí solo.

    Es decir, cuando se cambia de una forma de ver las cosas a otra (ya sea por la afección, por la cultura, por lo que sea), podría no ser algo producido por el pensamiento, sino que, desde una perspectiva que elimina el sujeto y el objeto (con lo que de algún modo “todo sería objeto”), esos cambios serían simplemente cambios de las cosas en sí, producidas por sus propias “mecánicas internas”. No sé si me explico: cuando pasamos de ver el mundo de forma gris porque “estamos” tristes a un mundo maravilloso (contentos), el cambio que se opera en el mundo podría ser propio de esa masa homogénea de sentimientos y cosas “exteriores”, y no de una forma de pensar. Espero haberme explicado, y si no es el caso redoblaré los esfuerzos.

    Tampoco creo que esté justificado decir que parto de un platonismo o conceptualismo, cuando para mí las ideas o “conceptos” son meras sensaciones, y no un aparato trascendental en términos kantianos.

    [Defensa del aspecto operatorio en contraste con el perceptual para la comprensión de la realidad].

    Aquí estás hablando desde cierta cosmovisión, y como toda cosmovisión parte inevitablemente de ciertos presupuestos ontológicos: la de eliminar la mente en el acercamiento a la realidad. Es una perspectiva más, no “la” perspectiva. Cuando me acerco desde la imaginación, las palabras y los conceptos, ¿qué estoy falseando, si estas también son reales? Somos entes prácticos en ciertos momentos de la vida cotidiana, pero también somos entes imaginativos y pensantes, por tanto no creo que haya que eliminar esta última dimensión humana, aparte de que por más que trate de acercarse uno a la realidad sin conceptos preconcebidos, de forma “atemática”, ¿cómo podría yo moverme en un mundo sin experiencias anteriores, esto es, sin conceptos? Cuando yo me acerco al martillo, inevitablemente surgen las posibilidades inherentes del martillo, y surgen en el plano de la imaginación. Es imposible operar a un perro sin haber aprendido de forma “mental” su fisiología. Solo somos entes puramente prácticos, actuantes, cuando actuamos de forma inconsciente (al caminar o respirar o parpadear), pero si no somos conscientes de ello, ¿existe? ¿Es posible ser un ser puramente actuante?

    [Sobre la fenomenología]

    No he dicho que la percepción juegue un papel exclusivo en esa corriente de pensamiento. Lo que digo es que la fenomenología sigue partiendo de una distinción entre un sujeto y un objeto, y aunque no sea un sujeto “cartesiano” (crítica que trata de hacer Heidegger), sigue habiendo un sujeto y un objeto, por más que ente actuante. Siempre hay una distinción arbitraria (podemos dar validez a esa distinción si queremos o no, en función de nuestro gusto filosófico, de los presupuestos ontológicos con los que nos hayamos comprometido, etcétera, pero somos libres para escoger qué verdad sostenemos en un momento dado, puesto que no hay criterios absolutos de verdad, no hay una prevalencia objetiva en ciertos enunciados con respecto a otros, sino solo de acuerdo a los criterios arbitrarios que hayamos escogido). Pero podríamos eliminar también, desde una actitud o comsovisión holística, la distinción entre ente actuante y mundo, por decir que todo es al fin y al cabo sensaciones y no hay por qué separar las cosas.

    [Sobre cómo es la filosofía tradicional]

    Digo que muchos siguen en esa distinción. Si sabes de algún filósofo occidental que hable desde una disolución radical entre el sujeto y el objeto te agradecería mucho que me lo comentaras.

    [Sobre la existencia del concepto]

    El concepto, como bien dices, no tiene existencia si equiparamos el perro “real” con el perro “imaginativo”. Cuando uno está inmerso en el fluir de la vida cotidiana, no hay distinción entre el perro real y el imaginativo, sino que simplemente los distinguimos porque uno sigue un curso de acontecimientos (el del mundo exterior) y el otro otro (el del mundo fantástico). Sin embargo, cuando reparo en esos dos cursos de acontecimientos, el concepto sí existe, porque cuando prestas atención compruebas que las fantasías son menos vívidas y más vagas que lo “real” (la famosa distinción entre ideas e impresiones de Hume).

    [Sobre el lenguaje como creador de conceptos o distinciones]

    Creo que muchos filósofos le están dando una importancia excesiva al lenguaje. Yo considero que lo conceptos o las distinciones entre las cosas (las distinciones siempre parten de conceptos previos) pueden darse sin participación de ningún lenguaje. El lenguaje acentúa esas distinciones, pero yo podría perfectamente inventarme dos distinciones en el mundo que no existiesen en el lenguaje. Por ejemplo, podría figurarme que un avión no es lo que creemos normalmente, sino que en realidad son dos mitades absolutamente independientes que por pura casualidad siempre van juntas. Y solo con figurármelo se vuelve real, porque al creer en ello toma existencia, dado que todo es pura sensación. Y he creado dos cosas nuevas sin ponerles nombre, por tanto el lenguaje no es una entidad imprescindible para crear conceptos y distinciones.

    Los filósofos posmodernos parecen creer que el lenguaje juega una especie de velo de falsedad entre “el sujeto” y “el mundo”, cuando el lenguaje es simplemente un sistema de signos que depende de cómo se concibe y se actúa en la realidad. Y si la crítica es al conceptualismo, por establecer otro velo entre el “yo” y “lo real”, esa crítica parte de otro conceptualismo: a saber, despreciar los conceptos sobre el mundo, actitud que parte de concepciones filosóficas. Todas las cosmovisiones son igual de válidas, y parece que por más que el posmodenismo trata de superar la idea de una “Verdad”, sigue haciéndolo por medio del ataque a lo que “no es Verdadero”. Es decir, acercarse al mundo sin conceptos es tan verdadero como hacerlo con ellos. Ahora bien, si ya partes de la premisa arbitraria de decir que lo real es la observación o acción pura, sin conceptos, sí, entonces la Verdad será ese mundo sin mente. Pero es una premisa, como digo, arbitraria.

    Un saludo y espero haberme explicado, como también espero que sigas comentando! 😉 Si tienes un blog avisaa

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