La Cosmovisión Hipersintética. Artículo 4: Crítica a la idea del mundo objetivo

El mundo objetivo se define como el mundo que está más allá de los sentidos y que el ser humano capta y modifica a través de sus sentidos y aparato nervioso. Ya se ha hecho una crítica de la idea de mundo objetivo en el Artículo B, aunque más individualista, en el sentido de que se ha criticado desde un yo único con respecto a su entorno. Aquí vamos a tratar otros puntos de vista que incluyen la intersubjetividad o ciertos elemento del propio “mundo objetivo”.

Bien, ¿qué hechos del mundo sostienen la teoría de que hay un mundo objetivo?

 

a) Las experiencias “comunes”

Como hay situaciones en las que hay experiencias comunes entre diversos sujetos o yoes, tendemos a creer que existe un mundo objetivo, un mundo común o intersubjetivo. Sin embargo, esta idea se sostiene en la hipótesis no solo de que existe el sujeto, entidad que podría no distinguirse del afuera o mundo objetivo (lo que estamos criticando aquí), sino que aun cuando probáramos que hay un sujeto, aún quedaría probar la existencia de otros yoes, es decir, quedaría por refutar la hipótesis solipsista.

En efecto, en el mundo nunca aparecen los pensamientos y emociones ajenos, sino que solo las hipotetizamos a partir de las manifestaciones corporales y/o lingüísticas de los otros “yoes”, a las que si precisamente damos valor como parte o consecuencia de pensamientos y emociones, volvemos al mismo punto. Cualquier consideración de que existe otro yo es siempre imaginaria, dado que jamás se aparece la emoción y el pensamiento ajeno de forma directa, y si se aparecieran estaría por ver si se distinguen cualitativamente en algo de los “propios”, es decir, si tienen una naturaleza distinta de los “propios”.

REVISIÓN: La teoría solipsista queda desmontada, desde la Cosmovisión Hipersintética, por el hecho justamente de que no se puede distinguir entre el “yo” y el mundo, y por tanto menos entre una idea o emoción “propia” de las “ajenas”. Siempre que alguien nos transmite un sentimiento, sea verbalizado, sea por la expresión facial y demás, en realidad es uno mismo el que lo siente, por imaginárselo en el otro. No es que el otro, cuando llora, me muestre la tristeza que está sintiendo, sino que soy yo el que siente esa tristeza por atribuírsela. Pero si hemos de romper también con la idea de “yo” o de “conciencia”, nos queda que solo hay sentimientos e ideas “sueltas”, sin sujetos a quienes anexarlas.

En cualquier caso, sigue en pie la crítica hipersintética de las experiencias comunes, por no poderse distinguir desde esa perspectiva (la hipersintética) el yo del afuera.

 

b) La apariencia de que “el mundo exterior ” se desarrolla de forma autónoma

Tendemos a creer que el mundo sigue su propio desarrollo de forma independiente, esto es, al margen de si lo captamos o no. Aparece un pájaro en el Oeste, apartamos la vista durante el tiempo suficiente, y luego reaparece en el Este, y de ahí realizamos la hipótesis de que el pájaro ha estado volando de un punto cardinal al opuesto, por más que no hemos observado tal cosa en lo más mínimo.

Como este hay muchísimos otros casos, ejemplos de cómo tendemos a conectar sucesos distintos por medio de sucesos imaginarios (que para nosotros, si en esos momentos no somos conscientes de estar suponiéndolos, se nos presentan como seguros y reales). No digo “imaginarios” en un sentido despectivo, sino neutro. Cabe notar que aunque sean sucesos imaginarios-reales (es decir, imaginarios solo si los atendemos, pero no cuando nos encontramos inmersos en el Fluir de las dos Temporalidades), ese “mundo obejtivo” sigue estando constituido por percepciones, de tal modo que jamás sigue un curso independiente.

Bajo la Atención en lo Imaginario y lo “Real”, el mundo “real” solo sería aquello que no depende de suposiciones ni hipótesis, y por tanto lo correcto sería afirmar que el pájaro del ejemplo no se ha desplazado, sino que ha aparecido en un punto y luego ha brotado ex nihilo en otro (suponiendo, aparte, que sean el mismo pájaro).

Es increíble la cantidad de suposiciones con que nos manejamos en el día a día. El ser humano necesita creer que el mundo es regular y sigue unas leyes físicas fijas, unos ciertos patrones de acontecimientos, y sin embargo, siguiendo a Hume, nada fundamenta esa idea. Cuando uno es consciente de esto y trata por breves momentos de vivir sin esa idea, sin la idea de que el mundo es predecible, enseguida le acomete el pánico, dado que nada asegura la predictibilidad de nada.

Berkeley respondió a esta apariencia (la de la independencia del mundo “externo”) apelando a Dios, y creo que fue este uno de los motivos por los que no se le tiene en consideración. Aparte de que Dios contradice sus propios fundamentos filosóficos, el modo como lo empleó para esta consideración parece un mero Deus ex machina (nunca mejor dicho).

 

c) El contraste entre lo “objetivo” y lo “subjetivo”

Hay experimentos y ciertas observaciones que parecen fundar la idea de que existe un mundo objetivo. Por ejemplo, Descartes hablaba de la “apariencia” de que un lápiz parece partido cuando lo introducimos en un vaso con agua o que una torre parece más pequeña en la lejanía de lo que realmente es. Hay otros experimentos, como los de la Gestalt, que también contribuyen a esta idea, como el siguiente, donde las casillas A y B tienen el mismo color:

 

Por increíble que nos parezca, el autor las coloreó con el mismo color. Ante esto, un defensor de la existencia del mundo objetivo afirmaría que es nuestra percepción la que modifica los sucesos “reales”, debido a que nuestra mente tiende a configurar el mundo de forma automática de acuerdo, en este caso, a si un objeto está en una zona de sombra o no.

Y sin embargo, ¿no vemos ambas casillas de distinto color? ¿No es esa la realidad una vez completada la ilustración? Lo que sucede es que en el momento 1, cuando el artista pinta las casillas, estas se aparecen del mismo color, pero en el momento 2, cuando ya está terminado todo el diseño, las casillas se han transformado y han cambiado de color. Es decir, podríamos explicar ese suceso sin recurrir a ningún mundo objetivo y a ninguna interpretación neurológica, dado que estas ideas no tienen fundamento estricto. Cuando yo veo las casillas de distinto color, ¿dónde está ese pretendido color idéntico? Eso es solo una idea que “procede de un momento anterior”, pero esa ya no es la realidad en el momento final.

Lo mismo con respecto a las observaciones de Descartes. ¿No vemos acaso el lápiz partido en el vaso de agua? Uno considera que el lápiz está entero por un momento anterior, por el momento en que se introduce en el vaso, pero luego es así como lo vemos. Lo mismo con la torre: cuando yo la veo pequeña, ES pequeña, independientemente de mi recuerdo al estar cerca de ella.

Vemos cómo en todos los casos se pretende realizar una Superposición de los Tiempos y hacer presente un momento anterior, un momento que por definición ya no existe. Tomamos un recuerdo o una idea (“Las casillas se han pintado del mismo color”) y pretendemos negar el hecho palpable (que las casillas son de distinto color), con lo cual no afirmamos ningún mundo objetivo, sino que simplemente confundimos el presente con el pasado y las ideas teóricas con lo que realmente se expresa en forma de empiria.

 

d) La corporeidad de las cosas

Otra idea que podría tratar de fundar la idea de mundo objetivo consiste en que las cosas “nos afectan” a nivel físico, o concretando, a nivel mecánico. Cuando Samuel Johnson supo que Berkeley negaba también el mundo objetivo (consecuencia directa de su concepción del Ser), chutó una piedra y dijo “¡Lo refuto así!”. Este es uno de los intentos de refutación más mediocres de la historia de la Filosofía. Pone de manifiesto que la concepción berkeleyana del Ser no se ha comprendido. ¿Qué es la “solidez” de las cosas? No es más que la sensación de una presión “corporal”, esto es, seguimos en todo momento en el Campo de las Empirias, de las “percepciones”. La solidez de las cosas no es un hecho extrasensorial, sino una simple empiria, una sensación táctil.

Cuando se cuestiona la existencia de un mundo más allá de los sentidos, evidentemente no se está cuestionando que se puedan sentir cosas como el tacto de la piedra al chutarla. Se cuestiona que la procedencia de ese contacto con la piedra provenga de alguna suerte de mundo objetivo y metafísico, porque la idea de un mundo más allá de los sentidos, de los que solo captamos “una modificación”, es la idea más metafísica (en el sentido de no-empírica) que existe.

 

Conclusión:

Parece que la idea de un mundo objetivo es una idea sin ninguna clase de fundamento no-hipotético. Es por ello que podemos hablar de un injustificado Doblamiento del Mundo, en el que no tenemos suficiente con el mundo que ya toma acto de presencia, sino que además tenemos que inventar un mundo misterioso e inconcebible del que aquel sería solo una figuración neurológica propia del encéfalo humano.

La idea de un mundo objetivo o bien es inconcebible (justamente porque no forma parte de las empirias) o se explica en términos de empirias, y por consiguiente cae en contradicción terminológica.

 

 

 

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