Ontología de la Ruptura

La ruptura de cualquier índole ¿es un suceso independiente del suceso al que decapita, o es solo el final de este? Y por lo que respecta al nuevo suceso al que da lugar, ¿es solo un trampolín del que el nuevo suceso se desprende, o la ruptura es el inicio del nuevo suceso?

Supongo que es una mera cuestión de perspectiva. Podríamos preguntarnos si existe la ruptura en sí, esto es, de forma independiente de cualquier suceso roto. Sin embargo, esta pregunta nos conduciría como suele pasar en las cuestiones filosóficas a una nueva pregunta, acaso anterior o bien más profunda, y que en este caso es: ¿pueden existir entidades sin concreción?

Con esto me refiero a si una cosa puede existir sin ser una cosa concreta. Por poner un ejemplo, ¿puede existir la Belleza sin una cosa a la que se “anexe”? ¿Puede existir el fenómeno causa-efecto sin que efectivamente se manifieste en un suceso concreto? ¿Puede existir, tomando el concepto de esta disertación, la ruptura sin que haya un suceso al que haga referencia concreta?

Si pueden existir, ¿en qué consisten? ¿No estaríamos defendiendo la tesis platónica de las Formas? Pero parece que cuando uno se esfuerza en imaginar esas Abstracciones, esas identidades sin manifestación concreta, le resulta imposible entenderlas, o bien acaba imaginándose algo muy simple. Por ejemplo, si trato de imaginarme la Ruptura sin nada concreto a lo que haga referencia, me imagino una especie de brecha luminosa. Y sin embargo, ¿eso es la Ruptura en sí, o es solo una brecha luminosa, y por tanto una suerte de metáfora cognitiva que hace la mente para tratar de ocupar ese vacío de la “ruptura en sí” o la “ruptura abstracta”?

A veces, cuando me planteo esta cuestión, me parece estar viendo el mundo de las Formas de Platón, y me da la sensación de que entiendo perfectamente  a qué se refería con el “Mundo de las Formas”, un mundo de Abstracciones en el que no hay nada concreto y que no puede percibirse ni siquiera por la imaginación, pero que a veces, como digo, parece que llego a rozarlo por alguna intuición.

Aunque ¿no será esa intuición una mera cuestión de imaginación más sutil, más refinada, que usaría la mente para convencerse a sí misma de que puede comprender las Formas?

Porque entonces regreso al escepticismo o acaso a una cosmovisión más clara, en la que las vaguedades intuitivas no tienen nada de claro. Y me digo que no, que las Formas no tienen ningún sentido, sino que son un sustituto imaginativo al simple hecho de que veamos cosas que se semejan mucho entre sí. De ese modo vemos dos fenómenos causales, y por el hecho de que un suceso sigue a otro en ambos casos (y parece que solo porque ha habido el primero antes, principio esencial de la causalidad), entonces hablamos de “la causalidad”, como si fuera una entidad en sí, independiente de las cosas concretas implicadas en esos sucesos.

Esa sería una tesis nominalista de los Abstractos, si adoptamos términos escolásticos. Pero si una ruptura es distinta a otra, por ejemplo, una ruptura revolucionaria de una ruptura existencial como parte de un proceso emocional, ¿a qué llamamos ruptura? ¿Qué hay en ambos sucesos, distintos entre sí, para que creemos un concepto común como es el de ruptura? Alguien podría decir: “¡Pues hombre, el mismo suceso de que haya una ruptura!”. ¡Ah!, pero ¿puedes explicar qué es la ruptura sin apelar a ningún suceso en el que se dé? ¿Puedes abstraer la ruptura de cada uno de los sucesos rupturistas? Porque si no es el caso, ¿cómo sabes de su existencia?

Si está indisolublemente ligada a cada suceso, entonces sería una simple comparación de cosas idénticas. Pero esas dos rupturas no son idénticas. ¿Entonces…?

Supongo que antes de hacer una ontología de la Ruptura habría que resolver esta cuestión, o como mínimo tomar partido por una de las dos concepciones, la nominalista o la abstraccionista. Y sin embargo, cada vez que me decanto por una de las dos, la otra le dispara preguntas que la elegida no es capaz de contestar.

No, la fusión de ambas no está contemplada. No tendría sentido. O acaso es la línea correcta y aún no he podido ver a través de ella. Una línea de creación cosmológica que uniera las abstracciones con las meras comparaciones nominalistas de las que habla el nominalismo. Pero ¿cómo? ¿Cómo unir dos cosas que aparentemente se excluyen de modo mutuo?

Pero siempre podemos recurrir a la exploración hipotética de cada línea. Es decir, podemos asumir un estudio ontológico de la Ruptura acogiéndonos primero a una línea y luego a la otra, de tal modo que rompamos con la pretensión infundada de que debamos escoger una de las dos.

Y si la Ruptura es una Esencia, entonces ¿cómo estudiarla? Sería ese chispazo de Ser, casi inescrutable, acaso porque vivimos en una dimensión terrenal, y desde aquí no podemos apreciarla, sino solo intuirla como lejanamente. Pero si volviésemos al plano del Alma, allí podríamos ver las Esencias tal como son. La teoría es prácticamente idéntica a la de Platón, pero no es la primera vez que me sucede que llego a teorías idénticas a las de otros filósofos. Al fin y al cabo, estamos tratando de dar respuestas a las mismas preguntas, y si uno adopta, por casualidad o por influencia de otros filósofos, los mismos principios ontoepistémicos que un filósofo en general, no es de extrañar que se lleguen a las mismas conclusiones, en caso de que los razonamientos sean correctos (aunque esto presupone la existencia de una lógica única).

Si la Rutura, como digo, es una Esencia, entonces sí sería un suceso independiente de las demás Esencias. Cómo se relacionan estas entre sí es otro misterio. Acaso estén formadas de un núcleo ontológico inamovible, mientras que tienen, por usar una imagen mental en general, una “periferia de interacción”, o la posibilidad de fusionarse en parte con otras Esencias. Así, habría una primera Esencia, luego la Esencia de la Ruptura “se engancharía” a esa primera, pero no a la manera mecánica, no como se enghanchan dos vagones, sino que de algún modo habría una “zona” en la que no podría distinguirse claramente si es aún la Esencia primera o la de la Ruptura. Una vez que la línea del Tiempo alcanzase el núcleo de la Esencia de la Ruptura, entonces esta se daría por un rápido instante, que es en el que la persona que la vive es más consciente de nunca que las cosas han cambiado. Y luego el Tiempo la atravesaría (gracias a la percepción de la persona en muchos casos, si no en todos, puesto que ser es sensación) y se llegaría finalmente a la Esencia derivada, tras un breve lapso en la zona de fusión ontológica entre la  Ruptura y la Esencia final que se precie.

De dónde procederían esas Esencias, cómo se formaron y aun si tienen existencia más firme y clara (es decir, más allá de la existencia imaginativa que aquí se le está dando) sería una cuestión que se mantendría en Dominio de lo Críptico, si bien es es misión de todo Filósofo asaltar dicho Imperio.

Desde cierta cosmovisión, no importaría si las Esencias son meras fantasías mías, dado que al darles yo crédito, tendrían la misma existencia que cualquier otra cosa. Cada vez estoy más seguro de que no existe ninguna diferencia entre lo “real” y lo “imaginativo”. Cuando me planteo de qué esta hecha una silla, me digo: “de color y tacto”. Y aunque apelara a la concepción de la ciencia moderna, diría: “De partículas subatómicas, y en última instancia, de energía”. Pero de nuevo debería preguntarme de qué está hecha la energía, y en eso ningún físico da respuestas que no terminen en puntos ciegos o en definiciones circulares. Porque a fin de cuentas, la energía calórica o la electricidad, no dejan de ser simples sensaciones, de ahí que diga que todo es o color, o tacto, u olor, o sabor, o temperatura (como sensación), o sonido, o mareo, o dolor, o emoción. Y que no hay más, y que esa es la constitución auténtica de la realidad, en su sentido más literal y puro, porque así es efectivamente como nos relacionamos con el mundo, y no con teorías científicas metafísicas, esto es, que van más allá del Mundo de lo Sensible.

Por tanto, toda la teoría de las Esencias, y si se quiere, de las Formas, tiene la misma legitimidad que cualquier otra, y para ello es suficiente que se la quiera dar. El sujeto ha pasado a ser dueño y señor de los fundamentos ontoespitémicos de cualquier tipo de teoría, o lo que es lo mismo: basta con querer creer en algo para que así sea.

Conque podría seguir desarrollando la Teoría de Esencias como a mí me viniese en gana, pero por el momento está bien así.

Y si quiero tomar la otra línea de interpretación, a saber, la línea nominalista, la Ruptura no sería más que una propiedad de las cosas. Así, la Ruptura no constituiría un suceso, dado que los sucesos son solo variaciones en las propiedades de las cosas. Y por consiguiente, hablaríamos de Ruptura al enfrentarnos a una cosa cuyas propiedades mueren. Pero no puedo dejar de hablar en términos transformativos, porque digo “mueren”, o “dan inicio” y demás, y todo eso no es más que un cambio. Y por consiguiente, tendríamos que preguntarnos qué es el cambio, y de nuevo volveríamos a la dicotomía entre las Esencias y el Nominalismo, y de nuevo a las dudas de antes.

Pero parece que el cambio puede darnos una respuesta de mayor claridad. Puesto que el cambio es irreductible a cosas inmóviles. Alguien podría creer que el cambio se reduce a la mera sucesión de instantes inmóviles, a la manera como se reproduce una película. Pero la reproducción de esos fotogramas crea algo nuevo, al que realmente no está en los fotogramas. Porque hay un abismo entre el hecho de ver una sucesión inmóvil de diferentes caballos, o del mismo caballo en diferentes posturas, a la experiencia de ver el caballo correr. Y por consiguiente, el cambio es algo distinto, algo irreductible. Pero, como decía regresamos a la maldita duda de siempre: ¿cómo podemos saber qué es el cambio en sí mismo, sin que se dé en cosas concretas que están cambiando?

Y parece, pues, que la línea más fiable es la de las Esencias. Es decir, justamente, la línea más inexplicable. De lo que se deduce que esta ontología de la Ruptura ha caído en un intuicionismo sutil, del que nada claro surge, a menos que sea uno mismo el que quiera otorgarle claridad.

¡Eh! ¿No será justamente eso, que la realidad no tiene un fundamento claro y fijo, sino que, en el sentido más radical y extremista del término, nosotros la creamos? Entonces podría entenderse por qué somos incapaces de dar respuesta a qué son las Abstracciones: resultaría que estaríamos llegando al fondo de la Realidad, donde paradójicamente no hay nada, salvo aquello que nosotros queramos poner.

¿Llegaré algún día a comprender de verdad la trascendencia de estas palabras, si no es que no son más que eso, palabras?

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