Profundizando en el Anarquismo Ontológico

El Anarquismo Ontológico, que es una teoría propia, consiste en el hecho de que no hay una constitución fija y objetiva de las cosas existentes. Es decir, uno puede componer el mundo como le venga en gana y las cosas que hay en él, así como sus interacciones, y que cada mundo resultante sea igual de válido que este en el que nos movemos habitualmente.

Pero esto rompe totalmente con la intuición de la cotidianidad y con las leyes de la física. Entonces, ¿en qué se fundamenta esta idea?

En el hecho de que uno puede concebir cada cosa como le venga en gana, especialmente en cuanto a su amplitud espacial, y por tanto puede crearla como le venga en gana. Por ejemplo, yo puedo concebir que una manzana es lo que solemos pensar que es, o bien que es un conjunto de pequeñas piezas que se han unido de un modo desconocido y que todo eso ha conformado la manzana. No hay nada que me impida considerar algo así, porque no se puede demostrar que es falso. Alguien diría aquí que debería demostrarse primero que esas piezas constituyentes existan, pero si uno las concibe y cree en ellas es suficiente para que existan, dado que al percibirlas uno así, así se presenta la manzana y así es. Esto viene dado por el hecho de que una cosa es como se percibe, o lo que es lo mismo, hay una identificación total entre la percepción y el ser: ser es la empiria.

Se pueden poner más ejemplos. Podríamos concebir, por ejemplo, que un cambio o una transformación empieza y acaba donde nos venga en gana. ¿Dónde empieza el acto de lanzar una piedra? ¿En el instante de lanzarla? ¿En el movimiento del brazo? ¿En la intención de hacerlo? ¿En aquello que me ha llevado a tener la intención de hacerlo? ¿En el momento previo a ese hecho?

Podemos jugar con la constitución misma de la realidad como nos venga en gana. Basta con creer en algo profundamente para que eso se presente de ese modo en el mundo.

Podemos ver una cosa como fea y luego como bella. Algo nos parece un día agradable y placentero y al otro día insufrible. Nos llevamos bien con una persona y otro día no nos hablamos. Todo eso son casos en los que el mundo se transforma. Podemos justificar esos cambios por decir que se dan en nuestro interior, que en realidad somos nosotros los que cambiamos, pero de todos modos eso repercute en el mundo, en cómo se presentan las cosas.

No hay una realidad única y objetiva, una realidad común para todo el mundo. Pero no es que no la haya solo en las cosas que consideramos ya de por sí subjetivas, como nuestros gustos y demás, sino en la misma constitución de las cosas.

Uno puede crear infinitas realidades a voluntad. Un día tuve una experiencia curiosa: veía simetrías en todos lados. Veía una antena sobre una casa y al lado había otra idéntica. Miraba una matrícula y los números eran 0550, como si hubiera un espejo entre los dos cincos. Me fijaba en una rueda y luego estaba la otra ahí, para completar la pareja. En todos lados había dualidades y me sobrecogí, porque mi mente había entrado en una cosmovisión que generaba de forma automática todo tipo de pares de cualquier cosa.

Otras veces quiero imaginarme el mundo como una cosa unificada, sin distinciones. Entonces, por unos breves instantes, siento como si yo fuera una gota en un gran océano, como si la realidad me atravesara por completo y la individualidad fuera un simple espejismo.

Y aun otras veces quiero hacer todo lo contrario y verlo todo como si estuviera constituido de partículas minúsculas, pero no las propias de la física, sino de sensación. Así, una persona sería simplemente un cúmulo de puntitos de color enmarcados en una silueta humana, y es que así es como la percibimos. Una melodía sería una sucesión de instantes auditivos ínfimos. Un baño caliente, la sucesión de texturas y temperaturas. Toda la realidad sería en definitiva el resultado de la diferentes combinaciones entre las partículas mínimas de sensación, la mínima entidad de las empirias.

Y aquí viene lo asombroso: todos esos mundos son igual de válidos epistemológica y científicamente, dado que todos tienen fundamentos empíricos, pues justamente se dan sobre el propio mundo.

De ahí que diga que no existe un fundamento único de la realidad, que cada cosa podría ser de un modo absolutamente distinto, y por tanto desembocamos en un Anarquismo Ontológico.

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