La amplitud semántica

El otro día me quedé pensando en una situación que viví. Trabajo (entre otras cosas) en la barra de un restaurante. Entonces llegó una de las camareras y me dijo simplemente: “Dos cervezas y una agua grande”. Se las puse y me quedé pensando en que había formulado una frase totalmente incompleta en términos sintácticos. No había sujeto, ni verbo y no estaba respondiendo a nada. Simplemente llegó y mencionó esos objetos, y yo “completé” las palabras no formuladas gracias al contexto, como habría hecho cualquier otra persona.

Entonces pensé en lo curioso que era que unas pocas palabras pudieran decir mucho más. Porque la camarera no me estaba diciendo solamente “dos cervezas y una agua grande”, sino: “¿Me puedes alcanzar dos cervezas y un agua grande?”, donde ya hay por lo menos una solicitud, una relación entre personas y una acción.

A esta cualidad de las palabras de poder expresar más o menos de acuerdo al contexto u otros factores la he llamado “Amplitud semántica“. Por norma general, cuanto más especificamos sobre un concepto más se reduce lo que he llamado la amplitud semántica hipotética. Es decir, si yo digo: “Ponme una cerveza de doble malta, producida en Alemania en el mes de Marzo, con aroma de cerezas”, y sigo dando características sobre esa cerveza, cada vez elimino más características que el oyente pueda hipotetizar sobre esa cerveza, de ahí que se reduzca la amplitud semántica hipotética, aunque sí se incrementa la amplitud semántica fáctica (la que se ha expresado).

Y a la inversa: por lo general, cuanto menos decimos sobre algo, más posibilidades alberga y por tanto tiene más riqueza semántica hipotética. Si yo digo “Había una persona esperando en la parada del tren”, esa persona puede ser de mil maneras. La palabra “persona” hace referencia a un mundo amplísimo de posibilidades. Sin embargo, si comienzo a especificar cómo era esa persona, la misma palabra “persona” comienza a ganar en exactitud pero a perder en ampliación hipotética.

Y es exactamente el mismo término y la misma acepción del mismo. Con lo que no solo la acepción, el registro o el contexto sociolingüístico modifican la semántica, sino también, y esto es la tesis estructuralista, el contexto textual. No estoy diciendo nada radicalmente nuevo, pero quería plantear el ejemplo para ver en qué medida una misma palabra puede señalar significados más amplios o menos, y más exactos o menos, únicamente por el contexto.

Y esto puede aplicarse a la literatura para hacer que el lector participe mucho más de la lectura. Puedes leer otros artículos estrechamente vinculados a esta cuestión aquí (que trata sobre la relación entre psicología y literatura en materia de descripciones) y aquí  (que habla sobre la naturaleza incompleta de toda obra literaria y cómo jugar con esa propiedad).

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